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Raza acrisolada -Abelardo Sewell Tyndell

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Raza acrisolada

 

Si me atreviera a cercenar el silencio;
este silencio de siglos olvidados,
y beber de tus labios el añejado vino,
o inquirir en tu semblante mi pasado…
¿Qué hallaría en tus ojos profundos?
¿Señalaría el vetusto reloj alguna hora
en la recurrencia de las noches,
para contarnos fantásticas historias
hasta rayando el alba?
¿Podrá el rocío borrar estas ranuras
por donde se escurren nuestros sudores?
Fuimos desarraigados de la cepa tórrida,
nadie jamás preguntaría por lo sucedido:
exuberantes bosques hechas antorchas,
abuelas abandonadas en la dehesa
como reses desparramadas al pasto
sin poder evacuar sus endechas,
criaturas devoradas por hormigas,
veo barcazas atiborradas de espectros,
las hambrientas sombras del anonimato.
Marcados, extirpados, sentenciados,
clasificados, sellados, vulnerados,
trasegados, negociados, subastados…
¡Oh preciosa mercancía de ébano!
Personas igual que tú: infantes…
mujeres en expectativas, hombres…
¿Mas hoy; tú quién eres, a quién invocas
desde estos antros del miedo al pensar?
A ti que meditas estas líneas mías,
quiero decirte que son tuyas también,
te las ofrezco a manos llenas
porque nuestra historia es la misma.
De “inga y de mandinga” todos tenemos:
registrados, numerados, valorados…
Somos bozales; desnudos al sol candente
ignorando soledades desde la invisibilidad;
sin rostro, sin nombre, sin palabra…
Somos ladinos; acarreando crucifijos
sin entender la letanía de los rezos…
Como ayer; somos cimarrones:
rebeldes, tercos, insatisfechos…
Pero las heridas arden al roce de la brisa,
arden siempre al pasar las páginas
habitamos refugios efímeros como aves.
Somos mogollones; sin cosecha fija
encadenado al fardo de la vergüenza,
la traición, la entrega, el despecho…
Por eso pregunto en esta hora marchita;
en tanto los vientos peinan los cerros,
mientras caen hojas sobre tumbas,
sobre tantas tumbas, tumbas sin epitafios…
Apremiante es este interrogatorio,
para procurarnos respuestas
ante la actual apropiación y rebatiña
¿Tú quién eres, a quién invocas
desde este tenebroso antro de miserias?
¿Bozales, ladinos, cimarrones, mogollones?
De tu respuesta solamente:
depende la voluntad de resurgir.

 

Por: Abelardo Sewell Tyndell


Poema escrito en ocasión del Día de la Etnia Negra,


Panamá, 30 de mayo de 2010

 

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Nota: esperamos que Abelardo Sewell Tyndell nos disculpe por la tardanza y por la osadía de publicar este interesante poema, que fue respuesta a otro, el  anónimo africano Congo central,

un abrazo,

Lyrae

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